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POR UN NUEVO MODELO DE SEGURIDAD NACIONAL CON UNA PERSPECTIVA CIUDADANA, HUMANA Y DE DERECHOS HUMANOS

El modelo de seguridad que se ha implementado en nuestro país en la última década, ha sido un rotundo fracaso, y no lo digo desde una posición política de oposición a los gobiernos del PAN y del PRI, sino desde una posición objetiva de datos duros que nos indican que la violencia se mantiene presente en muchas regiones de nuestro país e incluso en algunas zonas en particular, la violencia se ha adueñado por completo de comunidades y pueblos que hace una década tenían una dinámica social y económica muy diferente.

 

 


Considero que en este proceso de reflexión ha hecho falta asumir un verdadero espíritu de construcción social, ciudadana y humana que se sobre ponga por encima de los intereses de partido, de grupo o de corriente política, una reflexión que nos conduzca a construir un verdadero estado democrático de derecho en donde la justicia y la seguridad no sean sólo discursos o aspiraciones políticas.
Ha hecho falta autocrítica y capacidad de tomar decisiones para redirigir la estrategia de seguridad en los gobiernos municipales y estatales en donde el PRD mantiene una fuerza importante y en donde hemos podido poner el ejemplo de nuevas formas y nuevos programas de seguridad pública, sin embargo, no hemos tenido la capacidad de hacerlo.
Hace 20 años cuando asesinaban a uno de nuestros militantes, tomábamos carreteras, tomábamos palacios municipales, realizábamos inmensas caminatas y protestas para exigir seguridad para nuestras y nuestros compañeros, hace 10 años exigíamos en las tribunas del Congreso de la Unión y publicábamos desplegados en La Jornada o en la Revista Proceso, hoy mandamos un twitter indignándonos con esos crímenes y buscamos a la autoridad estatal y federal para que envíe más policías y destine más recursos para los municipios que gobernamos.
Compañeras y compañeros, no podemos ser complacientes con los narco gobiernos ni con la narco política que se está arraigando en nuestro país, no podemos ser complacientes con los gobiernos que están instrumentando una política de seguridad fallida y a todas luces insuficiente, no podemos permitir que nuestros gobernadores nuestros presidentes municipales se conformen con las estrategias de seguridad que les impone la Federación por el simple hecho de que “ahora somos gobierno” y entonces tenemos que aceptar lo que la Federación imponga.
Hace falta valor, desde luego que sí, hace falta coraje, desde luego que sí, pero sobre todo, hace falta que levantemos nuestras voces señalando y cuestionando que este modelo de seguridad nos está llevando al despeñadero, que nos está convirtiendo en carne de cañón para los grupos delincuenciales que o con bala o con plomo poco a poco mermando la fuerza de los gobiernos de este país.
¿Acaso tenemos que esperar a que se descubra que decenas de diputados locales y federales, senadores e incluso Gobernadores fueron financiados y apoyados en sus campañas por los cárteles de la droga como ocurrió en Colombia? ¿Acaso vamos a esperar a que un Pablo Escobar, o un Popeye, o un Chapo o un Azul, lleguen al Congreso de la Unión para darnos cuenta de que el crimen organizado se está fortaleciendo en México?
Las cosas se están haciendo mal y aquí entra la autocrítica, compañeras y compañeros, las cosas no se hacen bien en materia de seguridad incluso en los municipios y los gobiernos estatales que han emanado del PRD y eso aunque nos moleste, tenemos que reconocerlo.
Gisela Mota, Ambrosio Soto y otros compañeros y compañeras de este partido tenían la intención y las ganas de hacer las cosas distintas, sin embargo los dejamos solos, dejamos que sus voces fueran acalladas con balas y que sus ideas fueran enterradas junto con ellos, porque el mensaje que mandaron sus asesinos fue claro: “o estás conmigo o estás contra mí”,
Las víctimas de esa fallida estrategia de seguridad se cuentan por miles a los largo y ancho del país, hoy con mucha tristeza y coraje sumamos a nuestro compañero Ambrosio Soto como hace 7 meses sumamos también a nuestra querida Gisela Mota a esa funesta lista. En este interminable recuento de daños, a esa lista de indignación y frustración que desborda nuestra razón y nuestro corazón no queremos seguir sumando más muertes y más esquelas de militantes del PRD de mexicanos y mexicanas que apostaban por otro construir otro México más justo y más digno.
La presencia del Ejército y la Marina en las calles -realizando labores de seguridad pública y prevención del delito- no sólo ha “normalizado” la actuación de estos cuerpos armados en nuestra vida cotidiana, sino que incluso, ha normalizado también que sus abusos y violaciones sean consideradas como sacrificios válidos frente ante la ola de delincuencia y criminalidad que se cierne sobre nuestro país, hemos aprendido a asumir esos “daños colaterales” a cambio de tener un poco de seguridad en nuestras vidas.
Las voces de los gobiernos se siguen empeñando en hacernos creer que el delimitar una estrategia de seguridad partiendo del respeto a los derechos humanos es una incredulidad, que pensar que las fuerzas policiales y militares pueden hacer frente a los criminales respetando sus derechos humanos es una exageración, y con ello, tristemente han pretendido justificar las más recientes masacres, las más graves ejecuciones extrajudiciales y las más atroces prácticas violatorias de los derechos humanos.
Los gobiernos panistas y priistas han mantenido una política de seguridad pública e impartición de justicia que cada día ha venido debilitando más la credibilidad y la confianza de la ciudadanía en las instituciones del Estado Mexicano, el minar a las instituciones desde adentro ha facilitado que la corrupción y el abuso de poder se conviertan en los ejes rectores de actuación de las y los servidores públicos de las dependencias que supuestamente deberían de cuidarnos a nosotros y a nuestras familias, ya lo hemos señalado en varias ocasiones, sino se atiende la corrupción como una de las principales causas que genera y perpetua la violencia solamente vamos a estar dando vueltas en círculos sin llegar a ninguna parte.
Hacernos creer que las políticas públicas de seguridad y justicia sólo tienen que ser diseñadas desde los escritorios de los gobernantes y de sus asesores, sin considerar para nada a la población y a la sociedad, es una muestra más del obstinamiento que han mostrado en la década reciente nuestros servidores públicos, ese mismo obstinamiento también les ha impedido cambiar el rumbo de sus políticas y planes de gobierno cuando se dan cuenta de que están fracasando, obstinarse con un modelo fallido de seguridad es una constante en nuestro país, poco importan los miles y miles de desaparecidos y desaparecidas, los miles y miles de asesinados y asesinadas, los millones de mexicanas y mexicanos que les decimos, YA BASTA, no queremos un México así manchado de sangre y cubierto de casquillos y balas.
Desde el Partido de la Revolución Democrática, no podemos estar pidiendo a la autoridad federal que se envíen más militares o más policías a los municipios asolados por la violencia, no podemos estar implícitamente replicando y avalando su fallida estrategia de seguridad pública, no podemos pedir que se implemente un modelo de seguridad para nuestros alcaldes solamente, tenemos que exigir el cambio total de esta absurda estrategia.

Por ello, les propongo, que convoquemos a la construcción de un nuevo modelo de seguridad a nivel nacional, que retome como base lo que la Organización de las Naciones Unidas se ha llamado como “la seguridad humana” definido por esa instancia internacional como “el modelo que promueve la adopción de medidas centradas en las personas, exhaustivas, apropiadas a cada contexto y orientadas a la prevención, que intentan reducir la posibilidad de que se produzcan conflictos (delitos), que ayuda a superar los obstáculos que entorpecen el desarrollo y promueven los derechos humanos de todos”.

El tomar como base el modelo de seguridad humana, es reconocer que las causas y las manifestaciones de las amenazas y los delitos varían notablemente entre las propias entidades federativas y las regiones municipales, que varían según los momentos en los que se presentan y que se tiene que modelar atiendo a las circunstancias particulares de cada zona. La seguridad humana promueve soluciones impulsadas por las realidades locales y basadas en las necesidades de la comunidad, analizando la vulnerabilidad y las capacidades reales de los gobiernos y las personas, y centrándose en esfuerzos de corresponsabilidad ciudadana.

El marco de protección y empoderamiento del modelo de seguridad humana garantiza aún más el desarrollo de respuestas apropiadas ante una amenaza particular. Al combinar, de arriba hacia abajo, normas, procesos e instituciones como el establecimiento de mecanismos de alerta temprana, la buena gobernanza, la supervisión ciudadana y los instrumentos de protección social con un enfoque humano, podemos también construir de abajo hacia arriba, un proceso participativo que siente las bases para la atención de las necesidades de la población desde el pleno respeto al ejercicio de sus libertades y responsabilidades fundamentales, la seguridad humana mejora la capacidad local, fortalece las redes sociales y asegura la coherencia en la asignación de los recursos públicos y las políticas públicas.

Considerando que la participación activa de la ciudadanía, no puede entenderse solamente como limitada a una participación eventual en procesos consultivos, se tienen que crear, fortalecer y dotar de herramientas a los Consejos de Participación Ciudadana en materia de seguridad en todos los rincones del país, pues solamente con la participación comunitaria se podrán diseñar esquemas de intervención de seguridad pública sustentados en los derechos y necesidades de la población, con lo que se rompería el actual modelo de imposición de estrategias desde las visiones limitadas y sesgadas con las que se están desarrollando actualmente.

Necesitamos impulsar la discusión, la consulta, las bases y el esquema de un nuevo modelo de seguridad humana, que se base en el respeto a los derechos humanos y en la participación ciudadana.

Hoy tenemos una gran responsabilidad para hacer frente como instituto político a esta crisis en materia de seguridad y justicia por la que atraviesa México, cambiando el modelo de seguridad podemos hacer frente también a la grave crisis en materia de derechos humanos que padecemos diariamente.

El trabajo no es sencillo, tenemos que elevar las propuestas y las peticiones desde el PRD para que se haga realmente una discusión seria del modelo de seguridad vigente, es imposible seguir pensando que la estrategia de seguridad tenga como eje central de las acciones a los grupos delictivos y a los grupos criminales, esos grupos no pueden ser el centro de una política pública de seguridad, ellos no pueden estar marcando el derrotero de las acciones políticas, pues de continuar en este camino, acabaremos legitimando sus acciones de una manera indirecta, pues habrán logrado establecer las directrices de una política que a todas luces los ha venido fortaleciendo.

El foco, el eje, el punto central de un nuevo modelo de seguridad tiene que ser el pleno ejercicio de los derechos humanos, el respeto a la dignidad, los bienes, la integridad y la vida de las personas, las acciones y operativos masivos de presencia policial funcionan únicamente como acciones disuasivas e inhibitorias de carácter temporal, como ejemplo de ello, hemos visto como a raíz de que las fuerzas federales se “salieron” de Guerrero y Michoacán para contener las movilizaciones magisteriales en Oaxaca y Chiapas, los índices criminales se han reputando de nueva cuenta en ambas entidades federativas, tan sólo el día de ayer fueron asesinadas 16 personas en esos estados.

No podemos acostumbrarnos a vivir bajo una lógica policial y de militarización, tenemos el derecho a vivir plenamente ejerciendo nuestras libertades, pero también tenemos la obligación de trabajar y participar para que esto sea una realidad.

Les convoco a todas y todos ustedes a que iniciemos este debate seriamente, que dejemos a un lado las fobias o filias partidistas y que volvamos a colocar en el centro de esta nueva estrategia de seguridad humana, a las personas, a las comunidades, a los barrios, a las colonias, a los municipios a los pueblos indígenas, al ejercicio de los derechos y las libertades, pues sólo con esta visión lograremos juntas y juntos, avanzar en la construcción de una senda que nos lleve en un futuro, a lograr la justicia social que tanto anhelamos.